Un día como hoy, cualquier día como hoy, cuando un individuo como soy, cualquier individuo como soy. Se levanta a la mañana, se despereza, despierta su conciencia, y se mira al espejo, luego de mear, asearse, y eventualmente defecar. Y se pregunta sumamente acongojado, sobre ese soy que es hoy. O sobre cualquier hoy que soy. Se da cuenta, o da cuenta de que se da tanta maña, y se enmaraña con esas palabrejas, viejas palabrejas que no le abondonan a uno. Intentando salirse de la porquería que uno cree que le rodea. Inventa una batería de ficciones que lo distraen por un rato. Así es como brotan en el jardín descuidado del fondo de la habitación, un centenar, por no decir millar, de larvas ficcioanales que como pedos de un congestionado culo salen despedazados a borbotones sobre todo el espectro de una pantalla líquida posmoderna. Así es, así es como se concatenan una serie de historias que aún no han sido esparcidas en el diminuto cosmos que la mirada adyacente a este blog trasluce.
La vida, como decía, Forest, es como una caja de bombones, uno nunca sabe que le va a tocar. Lo que pasa que algunas vidas, son como cajas de bombones también efectivamente, simplemente que el problemilla es que uno ha tardado tanto en abrirlo, que los bombones están llenos de hongos y otras bacterias descomponiéndose en su interior. En algún punto esto puede resultar nauseabundo, o tristemente patético. Pero eso es simplemente una apreciación tan posible como cualquier otra. La sensación producida es una variable con infinitas posibilidades. La putrefacción de la vida, es parte de la fermentación de la vida. Son ciclos y procesos que uno tiene que aprender a apreciar en su totalidad, y no quedarse con la simple parte. Si llegado el caso no comiese los bombones vencidos, jamás de los jamases pudiera experimentar esta particular sensación de ardor intestinal, monstruosa cagadera.
Como cantaban los Monty Python... Always Look on the Bright Side of Life. Yo agregaría la siguiente acotación, Siempre mirad el lado brillante de la mierda.
Pero la verdad, la verdad de la milanesa de soja transgénica, es que... no quiero terminar este post con esperanzas. No, los happy ending, jamás me convencieron. La muerte es el final de todo, aún y a pesar de lo bondadoso que pueda llegar a ser, la muerte es putada mierda.
martes
sábado
eh! guacho, escribí algo piola
Hay que tener una gran habilidad para recrear un lenguaje que no es propio.
Puta. Ese enunciado me dejó sin habla.
Bien, ahora puedo seguir. Es impresionante lo terapéutico que son los insultos. Son la apertura del alma, sin lugar a dudas. En fin.
Estaba tratando de escribir algo interesante. Pero se ve que no puedo. No es posible que algo que no sea interesante, o sea yo, escriba algo que sea interesante. No salen manzanas de un naranjo.
¡Estúpido! ¡Cállate!
Este post es como todos los post, totalmente prescindible.
jueves
uno, dos, tres
Uno no escribe por aburrimiento, o mejor dicho hay una gran cantidad de gente que si lo hace. Que en realidad ni siquiera se divierte escribiendo. Escribir puede ser tan laxo que engloba una infinita cantidad de prácticas que nada tienen que ver de lo que yo pienso de la palabra escribir. Demás está decir, que ahora mismo, no estoy escribiendo, esto es tipear. En este momento no hago mas que unir ciertas sílabas, producir cierto efecto de sentido, sacudir un poco el polvo de mis dedos. Es posible que le esté dando una excesiva carga de solemnidad al hecho de escribir, pero efectivamente, para mi es algo sagrado. Escribir, encontrar el placer de escribir, es una experiencia religiosa. Vió! como estoy blasfemando! Pero efectivamente, si acá he caído nuevamente. Es porque hastiado del aburrimiento de oficina, me digno en balbucear mis patéticas inquietudes por medio de un blog cualquiera.
...sacudir un poco el polvo acumulado en la conciencia que desea algún día llegar a escribir...
Es solo pelo, es solo un polvo.
de pelotudo no hace falta recibirse, ni tampoco nadie nace pelotudo. La pelotudez es una elección de vida que se dan ciertos individuos porque están dotados de esa particular capacidad acrítica. O cuando la crítica se hace desde un lugar de mediocre condescendencia con las miserias propias y/o ajenas. Generalmente es díficil encontrar Pelotudos de tiempo completo, generalmente el común de las personas comete de vez en cuando alguna pelotudez que se precie de tal.
Pero de que estamos hablando cuando hablamos de pelotudez. Eso varía según el género, la clase social, la religión, la nacionalidad, y otras variables mas que componen el todo de un individuo. La pelotudez no es una universalidad caracterizable, depende de la subjetividad, aunque tenga importantes componentes objetivos que nos permiten discriminar las pelotudeces que cometen ciertas personas mas allá de su género, clase social, nacionalidad y etcéteras de variables.
No todo es una pelotudez justamente. La pelotudez se inscribe en una totalidad significativa. Algo es o no es significativamente pelotudo porque contrasta con lo que no es pelotudo. Uana categoría social que designa un lugar determinado en el espacio cósmico de cada quien. Lo importante a destecar es que aquello que se designa como pelotudo es porque destaca justamente. Destaca de un resto. Por eso mismo, hay que tener cuidado, no cualquiera es pelotudo, ni cualquier acto o hecho es una pelotudez. Si así lo fuera, las entidades perderían sustancialidad. Para que el cosmos esté ordenado es de vital importancia, saber designar con presición aquello que es efectivamente una pelotudez cósmica. Nuestras capacidades de juicio son las que nos caracterizan. Cuando uno adjetiva, se está adjetivando a sí mismo.
En fin. A lo que iba...
"Es bien de pelotudo, insistir con una pelotudez sabiendo que es una tremenda pelotudez".
...sacudir un poco el polvo acumulado en la conciencia que desea algún día llegar a escribir...
Es solo pelo, es solo un polvo.
de pelotudo no hace falta recibirse, ni tampoco nadie nace pelotudo. La pelotudez es una elección de vida que se dan ciertos individuos porque están dotados de esa particular capacidad acrítica. O cuando la crítica se hace desde un lugar de mediocre condescendencia con las miserias propias y/o ajenas. Generalmente es díficil encontrar Pelotudos de tiempo completo, generalmente el común de las personas comete de vez en cuando alguna pelotudez que se precie de tal.
Pero de que estamos hablando cuando hablamos de pelotudez. Eso varía según el género, la clase social, la religión, la nacionalidad, y otras variables mas que componen el todo de un individuo. La pelotudez no es una universalidad caracterizable, depende de la subjetividad, aunque tenga importantes componentes objetivos que nos permiten discriminar las pelotudeces que cometen ciertas personas mas allá de su género, clase social, nacionalidad y etcéteras de variables.
No todo es una pelotudez justamente. La pelotudez se inscribe en una totalidad significativa. Algo es o no es significativamente pelotudo porque contrasta con lo que no es pelotudo. Uana categoría social que designa un lugar determinado en el espacio cósmico de cada quien. Lo importante a destecar es que aquello que se designa como pelotudo es porque destaca justamente. Destaca de un resto. Por eso mismo, hay que tener cuidado, no cualquiera es pelotudo, ni cualquier acto o hecho es una pelotudez. Si así lo fuera, las entidades perderían sustancialidad. Para que el cosmos esté ordenado es de vital importancia, saber designar con presición aquello que es efectivamente una pelotudez cósmica. Nuestras capacidades de juicio son las que nos caracterizan. Cuando uno adjetiva, se está adjetivando a sí mismo.
En fin. A lo que iba...
"Es bien de pelotudo, insistir con una pelotudez sabiendo que es una tremenda pelotudez".
domingo
Érase una vez...
En la ciudad de Buenos Aires, hay por lo menos unos 15 millones de personas (aproximádamente, dado que no nos interesa dar cuenta de la exactitud, si no simplemente dimensionar), de personas, que es un decir, dado que lo que nos interesa en este relato es representar la ficción de solo un par de habitantes de ella. Y ahora bien, empezado esto, estoy dudando un poco de si es en realidad una buena idea empezar un relato de este modo, de algún modo, un modo bastante trillado. Podría haber dicho mundo en vez de Buenos Aires, pero mundo es demasiado abstracto, una ciudad personaliza mucho. Pero sin lugar a dudas, podría haber empezado así:
En el mundo, hay por lo menos 6 mil millones de personas (aproximádamente, dado que no nos interesa brindar una información exacta, si no simplemente dimensionar), de personas, es un decir, ya que lo que nos interesa aquí, no es la persona, mas bien la historia. Aunque no deja de ser una bagatela, la aclaración, una bagatela que solo puntualizan ciertas personas quisquillosas, que creen en la precisa exactitud de la expresión literaria. Porque, espero que se haya dado cuenta querido lector, esto es lo que se llama el comienzo de una novela. Aunque no parezca, o esté demasiado afectado, impreciso y tímido. O por lo menos, así me pareció caracterizarlo. Porque usted sabe, si es que usted sabe, porque no todos saben en realidad, pero si usted es quien creo que es, es decir, alguien que sabe, sabe que un buen escritor, es aquel que sabe hacer pasar como verdad aquello que es mentira, con una serie de artilugios determinados que su capaz incapacidad le provee. Y usted sabe, si es que sabe, que no lo estoy logrando. De hecho, voy a dejar de escribir, porque los dos sabemos que esta novela, en realidad no es mas que una insinuación, nada mas que eso.
En el mundo hay por lo menos 6 mil millones de personas, de las cuales podemos sacar prácticamente 100 mil millones historias dignas o indignas para que pasen al papel o a una pantalla de computadora. De las cuales podemos asegurar que existen por lo menos 7342 mil millones de insinuaciones de historia como esta.
Lo números obviamente han sido expuestos al azar, obviamente desconocemos las cifras reales, lo que simplemente intentan dar cuenta, es que las posibilidades no son en realidad infinitas, a pesar de la aparente monstruosidad númerica. La exorbitante, cantidad exorbitante no nos tiene que hacer perder los estribos. De hecho, si nos encontramos en este preciso instante, aquí, usted leyendo y yo releyendo esto, es porque justamente solo nos interesa una sola insinuación de historia. Precisamente, la que comienza ahora, el cual no tengo ni la más pálida idea de cual es. Pero me urguió escribir esto de este modo. Y ¿sabe que?, estoy muy contento por haberlo hecho.
En el mundo, hay por lo menos 6 mil millones de personas (aproximádamente, dado que no nos interesa brindar una información exacta, si no simplemente dimensionar), de personas, es un decir, ya que lo que nos interesa aquí, no es la persona, mas bien la historia. Aunque no deja de ser una bagatela, la aclaración, una bagatela que solo puntualizan ciertas personas quisquillosas, que creen en la precisa exactitud de la expresión literaria. Porque, espero que se haya dado cuenta querido lector, esto es lo que se llama el comienzo de una novela. Aunque no parezca, o esté demasiado afectado, impreciso y tímido. O por lo menos, así me pareció caracterizarlo. Porque usted sabe, si es que usted sabe, porque no todos saben en realidad, pero si usted es quien creo que es, es decir, alguien que sabe, sabe que un buen escritor, es aquel que sabe hacer pasar como verdad aquello que es mentira, con una serie de artilugios determinados que su capaz incapacidad le provee. Y usted sabe, si es que sabe, que no lo estoy logrando. De hecho, voy a dejar de escribir, porque los dos sabemos que esta novela, en realidad no es mas que una insinuación, nada mas que eso.
En el mundo hay por lo menos 6 mil millones de personas, de las cuales podemos sacar prácticamente 100 mil millones historias dignas o indignas para que pasen al papel o a una pantalla de computadora. De las cuales podemos asegurar que existen por lo menos 7342 mil millones de insinuaciones de historia como esta.
Lo números obviamente han sido expuestos al azar, obviamente desconocemos las cifras reales, lo que simplemente intentan dar cuenta, es que las posibilidades no son en realidad infinitas, a pesar de la aparente monstruosidad númerica. La exorbitante, cantidad exorbitante no nos tiene que hacer perder los estribos. De hecho, si nos encontramos en este preciso instante, aquí, usted leyendo y yo releyendo esto, es porque justamente solo nos interesa una sola insinuación de historia. Precisamente, la que comienza ahora, el cual no tengo ni la más pálida idea de cual es. Pero me urguió escribir esto de este modo. Y ¿sabe que?, estoy muy contento por haberlo hecho.
jueves
circo, circo, circo
Elucubraba, masticando cada paso, un joven circense, unas ideas y venidas, de saltimbanquis espectaculares, que deslumbrarían hasta el último rincón sombrío de cualquier habitación. Pero antes de llegar a ello, una mar depresiva, le estaba ahogando la conciencia que apenas pende de un hilo de la mente. Largo y tortuoso el camino que recorrió desde la hora señalada como largada, hasta la que hace de llegada relatada aquí, en este preciso aquí. El joven circense tuvo que atravezar un largo y harto tubo metálico que relinchaba de modo tal, estruendoso, que díficilmente podríamos transcribir aquí la sensación exacta, en este preciso aquí nos faltaría mas que fuerzas para ello. Si el hilo del relato se balancea en el vacío, tambaleantes, timoratos equilibristas, caeríamos antes de dar el primer paso siquiera. Pero lleguemos al caso, antes de que nos acusen de prestidigitadores de mal agüero. Si nuestro joven circense se precia de protagonista, aún no ha dado lo mejor de sí. Aquello que todos, todos los espectadores, esperarían de él, aún no lo ha dado. Y no se trata de un vano azar, que nos detengamos ante tal exigencia. Porque está no amerita, no justifica, no precisa, la expectativa, extraviada expectativa que se deposita tan injustamente en el joven circense. Por eso, nos detenemos aquí, en este preciso aquí. No hay circo, damas y caballeros, no si esperan un lastimoso espectáculo para alimentar el morbo degradante de nuestro tiempo contemporáneo.
Este pequeño extracto, trata de ser un burdo y mero intento de imitación, de algún extracto kafkiano que alguna vez supo imprimirse en algún papel. Díspenseme de las molestias ocasionadas, este Estado de cosas seguirá trabajando arduamente para satisfacer la demanda literaria del lector ocioso y sumamente exigente que puebla este cibernético mundo.
domingo
A propósito de la muerte del Señor Don José Saramago

Hay perdidas que duelen, pero duelen de un modo especial. Específicamente porque no es que uno lo ha visto en persona o lo conozca personalmente. Mas bien lo ha sentido de otro modo. Ese otro modo que lo hace tan especial, justamente. Sentimiento que aquellos que amamos la literatura conocemos muy bien. Aquellos que pertenecemos, con mayor o menor dignidad, a esa utópica comunidad silenciosa de la palabra conocemos, nos reconocemos. Que a pesar de no haber visto a la persona, podemos efectivamente de algún modo ver a la persona. No hay máscara que represente mejor el alma desnuda que un libro escrito a puño y sangre.
Entre tantos seres hechos de palabra que se clavan en la retina de uno. Cada uno de ellos toma un lugar determinado en nuestro cosmos personal. Y tengo que confesar que de quien va dirigido este post solo he leído un solo libro, esto es, "Ensayo sobre la ceguera". Y nada más. Y digo esto, digo, utilizo el verbo confesar, (palabra, precisamente, teñida con esa herencia que tanto combatió el susodicho) porque me sustrae un ligero sentimiento de culpa, (si, idem anterior) culpa porque podrán objetarme, .- Ah! pero Tú, solo has leído uno de sus libros, no lo conoces tanto como nosotros. Asi es, y aquí no termina el rezo del reo. Tengo por ahí tirado Ensayo sobre la lucidez, abandonado, póngale que en la página 18.
Pero vaya narcisismo ególatra el mío. Usando de excusa su muerte, Don José, para hablar de mis propias miserias. Pero tal vez, no nos queda otra cosa que hacer. Al fin de cuentas somos humanos, demasiado, pero lo somos.
Y trato de recordar el sentimiento que me atravezó la lectura del Ensayo sobre la ceguera. Trato de evocarlo. Y siento, o vuelvo a sentir, si es que es posible la rememoranza, ese amargo sabor o sabor amargo que me causó su obra. Debo seguir confesándolo, su libro me disgustó. Pero hay que precisar el disgusto, es esencial para el entendimiento del caso. Porque lo que repugna no es el relato en sí, lo que asquea es lo que su relato me hizo ver. Ver, en su Ensayo de la ceguera, ver, justamente. (¡Juaz!, Falta de luces mía para homenajearlo utilizando trilladas asociaciones, si, culpa, lo confieso, si y Juaz).
Muchas cosas, hablando de trilladeces, vanales trilladeces metaliterarias, se pueden elucubrar de su Ensayo sobre la ceguera. No me compete hacerlo. No es el momento, ni el lugar. Solo quería mencionar esa pizca de emoción surtida por su palabra. No quiero decir mas, mucho menos repetir.
El viernes uno se despertó con la noticia de su fallecimiento, Don José Saramago. Y sintió, uno y no otro, la puñalada en el alma.
Yo sé. Que lo sé muy bien, que el tiempo nos volverá a reencontrar. Si es que exista esa posibilidad, sea esa posibilidad. Dada porque la palabra escrita es espíritu. Ahora que su cuerpo expiró, nos queda su otro cuerpo. Ahora que se fué, su carne se ha vuelto verbo. Y es su verbo, su palabra, su escritura los que nos queda. Mal que les pese a la Iglesia Católica y sospecho que a usted también, Don José tal asociación.
Si porque me debo confesarselo, porque soy cristiano, Don José, cristiano y fiel suyo también. Fiel a su palabra. Porque a uno quien aún le conmueve la humanidad posible, siente sin lugar a duda alguna, la fidelidad a la palabra que usted Don José Saramago a profesado. Y eso es lo que uno aprecia de un modo incalculable. Por eso duele su partida.
Ahora que el cielo lo ha abrazado...
nos volveremos a ver,
en la palabra escrita, en la susurrada, en la que retumba en nuestros espíritus deshecho en palabras....
jueves
algunas palabrejas o palaviejas
3:35 de este jueves, de huevos mal revueltos.
Jueves, de jueces que sentencian vacios.
Pero dejemos de espasticismo lingüisticos.
A que veniamos acá. A evitar la trilladez de mi propia escritura.
Puff. Evidencia del secuestro del deseo.
No se puede. Uno no puede dejar de ser lo que es.
Yavhé usté lo qué eso significa. Se vicia el círculo. Circuló.
Sir Culo, deje usté de tirarse pedos.
Prrr. Luego un punto. Otro prrr. Otro punto.
Digame. Reviente eso. Pinche el globo.
Revuelquese son 03:43 p.m.
En las inmediaciones del tiempo. Sigue,
golpeando
teclas como si fueran lágrimas de helio.
Si helio, helio, helio que suena a gasificación,
de este viscoso espacio trans-real.
Si helio-3, Kim.
Cielo que revienta en improperios,
que sutura nuestras conciencias
que se tropieza.
Cierro todas las ventanas,
y Click.
aunque no te cabió clickear.
Cierto que no debíamos
ajustar cuentas
con la moral pública. Ups!.
Jueves, de jueces que sentencian vacios.
Pero dejemos de espasticismo lingüisticos.
A que veniamos acá. A evitar la trilladez de mi propia escritura.
Puff. Evidencia del secuestro del deseo.
No se puede. Uno no puede dejar de ser lo que es.
Yavhé usté lo qué eso significa. Se vicia el círculo. Circuló.
Sir Culo, deje usté de tirarse pedos.
Prrr. Luego un punto. Otro prrr. Otro punto.
Digame. Reviente eso. Pinche el globo.
Revuelquese son 03:43 p.m.
En las inmediaciones del tiempo. Sigue,
golpeando
teclas como si fueran lágrimas de helio.
Si helio, helio, helio que suena a gasificación,
de este viscoso espacio trans-real.
Si helio-3, Kim.
Cielo que revienta en improperios,
que sutura nuestras conciencias
que se tropieza.
Cierro todas las ventanas,
y Click.
aunque no te cabió clickear.
Cierto que no debíamos
ajustar cuentas
con la moral pública. Ups!.
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